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De Abrahán a Gabriele

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El autor explica la Palabra de Dios a lo largo de una gran panorámica histórica. Hombres y mujeres enviados por Dios nos están transmitiendo sin interrupción el gran plan de Dios: el regreso de todos los seres caídos a la eterna casa del Padre. Desde Abrahán hace unos 4000 años hasta Gabriele en la actualidad. La palabra de los profetas se cumple a pesar de todas las formas de oposición por parte de las religiones sacerdotales.

De Abrahán  a Gabriele

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Detalles

78 páginas.
ISBN 978-84-8251-091-0
ID del producto: s465es

Índice


- Prólogo
- La palabra de los profetas de Dios se cumple. De Abrahán a Gabriele
- Una misión, un plan espiritual divino es la base de la actuación de todos los profetas de Dios
- La palabra profética de Dios: durante milenios –una sola fuente
- Abrahán: El primer patriarca que tuvo el conocimiento del único Dios
- A través de Moisés el Eterno manifestó la base para la vida en una tierra prometida: los Diez Mandamientos
- El adversario de los enviados de Dios: el sacerdocio de culto
- Nuevamente vino del Reino de Dios un elevado ser espiritual y se hizo hombre para servir a Dios, el Eterno, como profeta: Isaías
- A través de Isaías el Eterno elevó Su voz con todo poder contra el sacrificio de víctimas y la idolatría
- Isaías anunció la venida del Mesías y el Reino de la Paz
- La dependencia clerical de las masas y su ignorancia ante los profetas de Dios
- Jesús, el Cristo, enseñó el Espíritu libre – sin dogmas, cultos ni ceremonias
- El abuso de la palabra «cristiano» por parte del dios imperial romano, el sumo pontífice
- Las religiones sacerdotales no aportan la prueba
- Los frutos de la ilusoria obra sacerdotal
- Maestros de ceremonia sacerdotales honran a sus ídolos creados por ellos mismos
- El Eterno anunció una alianza con los animales, las Iglesias institucionales continúan sacrificando a Sus criaturas
- «Por sus frutos los reconoceréis»
- El cuidado del alma no se deja delegar
- Su Palabra a través de la enviada de Dios – Gabriele
- «Así en la Tierra como en el Cielo» – el pensamiento unitario para una nueva humanidad

Prueba de lectura

La palabra de los profetas se cumple
De Abrahán a Gabriele

La mayoría de las personas, especialmente en la llamada cristiandad, consideran la actuación de los profetas de Dios en la historia de la humanidad como una circunstancia que en su vida diaria tiene un significado secundario o que incluso no juega ningún papel. Se admite la aparición de los grandes amonestadores y anunciadores, de los enviados de Dios, como un hecho histórico en el que un Dios desconocido, más o menos siguiendo el principio de la casualidad, trasmitió a la humanidad Su Palabra a través de seres humanos.

Cómo llegó a darse esta Palabra, de dónde viene esta Palabra –la Palabra de Dios–, de dónde proviene este Dios que se manifiesta, cómo es Él y a qué se refiere la Palabra del Eterno que ha sido manifestada, es algo que desaparece en la oscuridad de la tradición institucional. Envuelta en enmohecidas explicaciones de carácter pagano de la doctrina de la Iglesia, se enturbió la visión del contenido de la Palabra de Dios. A pesar de que también en las biblias legadas por la tradición se explica cómo Jesús aclara las escrituras con respecto a los profetas y a Su venida, pocas personas se hacen conscientes de que Sus explicaciones se refieren a procesos temporales de este mundo, que tienen su origen en el mundo espiritual y que forman parte de un plan de Dios.

A los discípulos en Emaús, Cristo les dijo: «¡Oh, necios! ¡Cuán lento es vuestro corazón para creer en todo lo que dijeron los profetas! ¿No tuvo que soportar Cristo tal sufrimiento y llegar a su Gloria? Y Él comenzó por Moisés y por todos los demás profetas y les explicó en todas las escrituras, lo referente a Él».

Estas palabras muestran que la actuación de todos los enviados de Dios no es una chapucería surgida de la casualidad, en la que de aquí para allá se lleva a la humanidad la Palabra del Eterno. El Espíritu profético, que tiene efecto a través de los portadores de la palabra, es parte del gran plan del Reino de Dios para hacer regresar al Reino de Dios a los seres caídos, que en el fondo de su alma son seres divinos que provienen del Hogar eterno. A través de la llamada de Sus mensajeros, el Eterno, el Espíritu universal y libre, Dios, quiere movernos a recapacitar e indicarnos el camino: el camino de regreso al Hogar paterno.

Este es el plan espiritual divino, que a través de todos los tiempos y hasta el día de hoy ha sido la base de la actuación de todos los verdaderos profetas de Dios. Toda la historia de la humanidad está vinculada inseparablemente a la llamada del Eterno a través de Sus portadores de la Palabra.

Como enhebrada en un collar de perlas, según sea el estado de consciencia de las personas de cada época y de su sociedad correspondiente, la Palabra de Dios se dirige a nosotros seres humanos en una dimensión cada vez más amplia, con enseñanzas espirituales cada vez más profundas.
 

Una misión, un plan espiritual divino es la base de la actuación de todos los profetas de Dios

En los grandes profetas de Dios estuvieron y están encarnados seres espirituales muy elevados, que fueron enviados al mundo con la misión divina de prepararse para Su Palabra, con el fin de disponer el regreso de Sus hijos e hijas, que somos todos en el fondo de nuestra alma, al reino de la Existencia eterna.

Jesús de Nazaret aludió a este gran plan de Dios en la parábola del viñero que envió a sus criados allí donde estaban los obreros desobedientes, los que mataron a todos los criados. Como todo esto no sirvió de nada, envió entonces a su hijo, pero también los obreros de la viña lo mataron. En esta parábola, Jesús, el Cristo, habla de Su propia trayectoria, así como también de los enviados, de los llamados siervos, de los servidores de Dios, de Sus portadores de la Palabra, que ante el trono de Dios son elevados seres espirituales.

Por Gabriele, la profeta y enviada de Dios para nuestra época, sabemos del gigantesco plan espiritual divino, que es la base de la actuación de todos los grandes profetas de Dios. Es una la corriente de la que se abastecen los portadores de la Palabra de Dios. Es una la misión por la que actúan. Es el deseo ilimitado del Padre eterno, de acercar nuevamente a todos Sus hijos creados a Su corazón, a las legitimidades de la Existencia eterna, que son las leyes de la vida, del Reino de Dios. La voluntad de Dios y Su deseo son trasmitidos únicamente a través de Sus enviados.

Su Voluntad es la ley férrea del infinito. En todos los tiempos se dieron extractos de esta Ley eterna –en tanto los seres humanos eran capaces de comprenderlos–, a través de personas enviadas por Dios y bendecidas por Dios, o sea Sus profetas –y no por medio de aquellos que se imparten la bendición a sí mismos: los sacerdotes. Por eso Dios condujo siempre a Sus portadores de la Palabra fuera del ámbito de influencia de las jerarquías sacerdotales.

Como se ha dicho, el regreso al Hogar eterno de todos los seres caídos es el plan divino espiritual en el que se basa la obra de todos los verdaderos profetas de Dios.

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