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Encuentra el camino a la Luz primaria en ti. La ayuda que DIOS ofrece

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Quien es capaz de observar el desastre del mundo, y también de analizarlo, se da cuenta de que los seres humanos estamos ante un poderoso cambio de era. La llamada del Cristo de Dios dice así una y otra vez: Sálvese quien desee ser salvado, antes de que este mundo se acabe.

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Detalles

Nº de pedido: S142es
ISBN: 9788482510897

 

Quien es capaz de observar el desastre del mundo, y también de analizarlo, se da cuenta de que los seres humanos estamos ante un poderoso cambio de era. La llamada del Cristo de Dios dice así una y otra vez: Sálvese quien desee ser salvado, antes de que este mundo se acabe. En una ayuda grandiosa, Dios, nuestro Padre eterno, ofrece a través de Gabriele, Su profeta y enviada, un camino de enseñanza en el que los seres humanos podemos ampliar con rapidez nuestra consciencia, para acercarnos a Dios en nosotros. Cada vez más personas lo sienten así: el ancla de salvación en este tiempo difícil es únicamente Cristo,
el Portador de la luz en lo más profundo del alma de cada ser humano.

Prueba de lectura

Nuestro lenguaje humano es un lenguaje que duda y limita, con lo que el ser humano no se plantea para sí mismo alcanzar algo absoluto, de forma que sigue un largo camino lleno de obstáculos y dificultades antes de llegar a acercarse a su herencia divina, la ley de Dios en su alma.

Si se observa este mundo, más de uno dirá: el tiempo apremia y las horas se esfuman con rapidez creciente, por lo que ha llegado la hora de observar más de cerca las indicaciones de la vida y cambiar. Más de uno siente el apremio, la petición que le insta desde el fondo del alma diciendo: ¡oh hombre, no te demores! Verdaderamente ha llegado la hora.

Como se ha dicho, nuestro lenguaje nos separa de Dios. Por eso se ha producido el ofrecimiento del Eterno de dirigirnos a nuestra herencia divina, y haciéndolo con el carácter absoluto de lo divino, que no conoce peros.
Para hacer que se manifieste lo que significa que los seres humanos afirmemos y nos dirijamos en nosotros a lo absoluto, quisiera abordar esto con unas pocas palabras.

La ley de Dios se compone de las siete fuerzas básicas. Se llaman Orden, Voluntad, Sabiduría y Seriedad, Paciencia –equivalente a Bondad–, Amor y Misericordia –equivalente a Mansedumbre–. Las siete fuerzas básicas palpitan en lo más profundo de nuestra alma.
La persona seriamente decidida, que desea acercarse a Dios en lo más profundo de su alma, puede dirigirse con poder a la Fuerza primaria, la ley de Dios, así por ejemplo:

Yo soy en la ley cósmica divina,
en mi herencia divina,
el Orden absoluto.

Algunos dirán ahora: «Pero es que yo todavía no soy ordenado. Mis pensamientos y mucho de lo que hago o llamo mi propiedad, e incluso si se trata de la cosa más pequeña en la vida diaria, todavía no está en orden. ¿Cómo puedo decir: “Yo soy en la ley cósmica divina, en mi herencia divina, el Orden absoluto?”».
A este respecto, la siguiente explicación: quien se esfuerza por poner orden en sus pensamientos y en todo lo que forma parte de él como ser humano, con esta afirmación concreta y decidida «Yo soy en la ley cósmica divina, en mi herencia divina, el Orden absoluto» está poniendo en marcha un sismógrafo cósmico que le muestra lo que está desordenado. Con la fuerza de la ley absoluta del Orden, que la persona de buena voluntad pronuncia hacia el núcleo divino de su alma, libera en sí mismo formaciones energéticas negativas: él pone en movimiento aspectos esenciales de sus grabaciones humanas pecaminosas que se hallan grabadas en la estructura de partículas de su alma y en su cuerpo. Con ello al mismo tiempo en determinados planetas desprende cosas que ha introducido contrarias a la ley divina, de las cuales, a través de la correspondiente constelación de planetas, se hace consciente esa persona que está haciendo uso, por ejemplo, de la Ley Absoluta del Orden.

Es importante saber que en este destacado camino de la ley se disuelven pequeños errores que en la existencia terrenal no tienen importancia, que no han perjudicado a ninguna otra persona, es decir, son transformados en energía positiva, con lo cual el alma gana luz y fuerza más rápidamente. Esto sería para cada persona una gran oportunidad de ir llegando a su interior, al origen divino, a su verdadero Ser individual, porque solo Dios en el origen de nuestra alma es el fondeadero y el puerto seguro en este tiempo lleno de peligros.
Quien recorre este camino de la ley seriamente y a conciencia, muy pronto se hará consciente de su verdadero origen. Su existencia terrenal se transformará en breve totalmente; él se volverá más sensitivo, sus cinco sentidos tendrán más claridad, su consciencia se amplía y él gana acceso a lo más interno en el prójimo, a Dios en el prójimo, así como a las fuerzas universales de la naturaleza y a los seres vivos animales. Él pensará, hablará y obrará de forma cada vez más cósmica, por tanto universal y desinteresada. Su existencia terrenal se transforma, porque él lo intuye y en muchos detalles lo reconoce: Dios está siempre presente.

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