¡Bienvenido!

Los Diez Mandamientos para niños

Sea el primero en opinar sobre este producto

Disponibilidad: En existencia

€ 5,50
O

Descripción rápida

explicados con palabras sencillas para niños. En esta narración Bamba, Bruswalin y otros ocho niños representan cada uno un Mandamiento de Dios y lo exponen ...

Los Diez Mandamientos para niños

Doble click en la imagen para abrir/cerrar

Alejar
Acercar

Detalles

Nº de pedido: S610es
ISBN: 9788482510859
80 páginas, encuadernación rústica

También disponible en otros idiomas.

Este libro es para niños, para jóvenes y para adultos, para todos aquellos que estén abiertos al poderoso Espíritu de la vida, Dios, nuestro Padre.
Un relato para reflexionar y aprender, recibido desde la luz.

Los Diez Mandamientos explicados con palabras sencillas para niños. En esta narración Bamba, Bruswalin y otros ocho niños representan cada uno un Mandamiento de Dios y lo exponen ...

 

Uno de los muchos niños africanos se llamaba Bamba. Bamba era un jovencito que salía con gusto a recorrer el mundo. No se quedaba mucho tiempo en un lugar. Después de una breve estancia ya se marchaba de nuevo. Bamba no tenía todavía ninguna meta determinada. Si se le preguntaba qué buscaba, no hallaba qué decir. Iba una vez hacia allí y una vez hacia allá y todavía no sabía que era su alma la que lo impulsaba.

Una mañana Bamba había dejado de nuevo tras de sí las calles y caminos de un pueblo y caminaba adentrándose en un día fresco y claro. Las palabras de los aldeanos que había escuchado por el camino, los saludos y cosas similares ocupaban todavía su ánimo y seguían resonando en él.

Cuando Bamba caminaba por allí tan tranquilo, enfrentándose al sol saliente, cuya luz irrumpía con gran potencia en el horizonte, cuando escuchó cómo el polífono canto y los sonidos de los pájaros sonaban como una sinfonía cada vez más plena, cuando vio cómo los finos pétalos de las flores se abrían para el nuevo día y cuando sintió cómo la suave brisa de la mañana tocaba ligeramente su rostro, notó que su corazón se ensanchaba de manera milagrosa. Una palabra que todavía resonaba en él desde la mañana en la aldea, se formó en su interior, y él la pronunció: DIOS.
Bamba se detuvo y se sentó sobre el tronco de un árbol. Una vez más pronunció con recogimiento y respeto el majestuoso nombre: DIOS (...)

 

Prueba de lectura

Todos los niños de esta Tierra, no importa qué color de piel tengan, qué idioma hablen, qué nombre tengan, sean pequeños o grandes, pertenecen al gran Dios creador y son Sus hijos. En esta consciencia empecemos ahora con la narración sobre diez niños en África.

Uno de los muchos niños africanos se llamaba Bamba. Bamba era un jovencito que salía con gusto a recorrer el mundo. No se quedaba mucho tiempo en un lugar. Después de una breve estancia ya se marchaba de nuevo. Bamba no tenía todavía ninguna meta determinada. Si se le preguntaba qué buscaba, no hallaba qué decir. Iba una vez hacia allí y una vez hacia allá y todavía no sabía que era su alma la que lo impulsaba.

Una mañana Bamba había dejado de nuevo tras de sí las calles y caminos de un pueblo y caminaba adentrándose en un día fresco y claro. Las palabras de los aldeanos que había escuchado por el camino, los saludos y cosas similares ocupaban todavía su ánimo y seguían resonando en él.

Cuando Bamba caminaba por allí tan tranquilo, enfrentándose al sol saliente, cuya luz irrumpía con gran potencia en el horizonte, cuando escuchó cómo el polífono canto y los sonidos de los pájaros sonaban como una sinfonía cada vez más plena, cuando vio cómo los finos pétalos de las flores se abrían para el nuevo día y cuando sintió cómo la suave brisa de la mañana tocaba ligeramente su rostro, notó que su corazón se ensanchaba de manera milagrosa. Una palabra que todavía resonaba en él desde la mañana en la aldea, se formó en su interior, y él la pronunció: DIOS.

Bamba se detuvo y se sentó sobre el tronco de un árbol. Una vez más pronunció con recogimiento y respeto el majestuoso nombre: DIOS.

El sonido llenó su corazón; su alma se abrió y se dio cuenta de repente de lo que él realmente quería, de lo que le atraía. En esa hora luminosa de su vida terrenal comprendió y captó lo que antes no había sido capaz de captar ni comprender. Supo entonces que él, Bamba, andaba a la búsqueda de la vida única y eterna, Dios.

En Bamba vivía un alma grande y madura. Tocada y estimulada por las fuerzas de la naturaleza y por las energías luminosas del día que empezaba, su alma se hizo sentir ahora en la persona Bamba. La consciencia espiritual de Bamba se abrió y le permitió comprender más claramente, sentir más profundamente y experimentar más vivamente lo que vivía en él y alrededor de él.

De una vez sintió un gran amor, que hasta entonces le había sido completamente extraño. «¡Oh sí!», dijo Bamba. «En lo más profundo de mi corazón siento un amor delicado y suave. Es el amor a Dios». Permaneció un rato muy silencioso. «Sí, es así», dijo, «siento en mi corazón que amo a Dios. Y porque Le amo, me siento impulsado a estar para Él. Es más, deseo consagrarle mi vida».

Bamba se acordó de sus padres y se le pasó por la mente: «Mis padres me enseñaron a rezar por lo menos dos veces al día». Sacudió la cabeza y se habló a sí mismo: «Rezar es bueno. Pero solamente rezar ya no me es suficiente. Mi corazón comienza a amar. Por ello no puedo permanecer inactivo. Quiero hacer algo por Dios. Pero ¿qué? ¿Qué puedo hacer yo, un niño pequeño, por este gran Dios creador?».

Etiquetas del producto

Use espacios para separar las etiquetas. Use comillas simples (') para frases.