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Usted no está solo

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La fuerza, el amor y la sabiduría de Dios es el gran y poderoso imán universal que a cada uno de nosotros le quiere atraer hacia Él. Cada vez que se lo permitimos, Él toma una comunicación más intensa con nuestro corazón interno, en el que el potencial de fuerza original de nuestro ser eterno está esperando su liberación. Nosotros lo sentimos como intuición, como anhelo, como una irradiación más fuerte que nos eleva y nos satisface plenamente.

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ID del producto: g303es

Usted no está solo

La fuerza, el amor y la sabiduría de Dios es el gran y poderoso imán universal que a cada uno de nosotros le quiere atraer hacia Él. Cada vez que se lo permitimos, Él toma una comunicación más intensa con nuestro corazón interno, en el que el po­tencial de fuerza original de nuestro ser eterno está esperando su liberación. Nosotros lo sentimos como intuición, como anhelo, como una irradiación más fuerte que nos eleva y nos satisface plenamente. El primer paso que posibilita esto tiene que salir siempre de nosotros, del hombre, pues la luz de Dios nos espera todo el tiempo que necesitemos hasta que nos decidamos a ir a nuestro interior, para orientarnos cada vez más a la fuente eterna, Dios, en nosotros.

¿Cómo? Por medio de ejercitarnos y aprender, por la propia superación espiritual, por medio de la entrega interna, por sumersión en el silencio interno y por la oración. Y al fin y al cabo rezar no significa otra cosa que esforzarse en tener comunicación con Dios, con Cristo en el interior.

La búsqueda de amor, felicidad, acogimiento, hogar y seguridad dura entre la mayoría de las personas toda la vida. A pesar de muchos encuentros, «relaciones» y amoríos, a pesar de algunos contratos matrimoniales, más de alguno tendrá que reconocer, a más tardar en la vejez: no he llegado a puerto; estoy solo o incluso abandonado. La mayoría de los seres humanos buscan en los otros aquello que ellos mismos no tienen. Proyectan todos sus deseos a unos cuantos aspectos que el otro parece poseer, y creen que con él, que representa la imagen de sus deseos, podrían sentirse «bien acogidos». La realidad es que el hombre sólo atrae lo que él mismo es, y no lo que quiere tener, puesto que lo igual atrae siempre a lo igual. Llevar una vida digna en la juventud significa tener una muerte digna en la vejez.

Ninguna persona podrá decir a la larga «yo he logrado sentirme acogido». En este mundo nunca llegaremos a sentirnos acogidos. ¿Por qué no? ¡Porque no somos de este mundo! Jesús, el Cristo nos advirtió de ello, diciéndonos: …El Reino de Dios está dentro de vosotros. Y: Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.

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